"La Red de Indra, es una matriz pluralista que apoya y difunde el zenbudhismo a través de encuentros diversos y complementarios que enriquecen al caminante. Hacemos votos para que las semillas del Dharma lleguen y germinen en todos"





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miércoles, octubre 14, 2009

Cuento con zen-tido: El maestro, el jardinero y el invitado...


En una ocasión el Maestro Bankei estaba trabajando en su jardín. Llegó un buscador, un hombre que buscaba al Gran Maestro, y preguntó a Bankei:

—Jardinero, ¿dónde está el maestro?

Bankei se rió y dijo:

—Espera. Atraviesa esa puerta y dentro encontrarás al Maestro.

El hombre dio la vuelta y entró. Vio a Bankei sentado en un trono, era el mismo hombre que había visto fuera, el jardinero.

El buscador preguntó:

—¿Estás tomándome el pelo? Baja de ese trono. Lo que haces es sacrílego, ¿es que no tienes respeto por tu Maestro?

Bankei bajó, se sentó en el suelo y dijo:

—Bueno, ahora lo tienes difícil. No vas a encontrar a ningún maestro por aquí... porque yo soy el Maestro.

Al hombre le resultaba difícil ver que un Gran Maestro pudiera trabajar en el jardín, que pudiera ser ordinario. Se fue.... no pudo creer que aquel hombre fuera el Maestro; perdió su oportunidad.

lunes, septiembre 28, 2009

Un clásico cuento zen, sobre el aprendizaje


Había una vez un hombre erudito que se jactaba de sus conocimientos y deseaba reafirmar su posición a través de la adquisición de nuevos aprendizajes. En su región vivía un excelente maestro y el hombre decidió visitarle para pedirle que le aceptara como estudiante.

Una vez llegado a la morada del maestro, el hombre se sentó en la humilde sala de espera y miró alrededor con una clara —aunque para él imperceptible— actitud de superioridad. La habitación estaba casi vacía y los pocos ornamentos sólo enviaban mensajes de armonía y paz. El lujo y toda ostentación estaban manifiestamente ausentes.

Cuando el maestro pudo recibirle y tras las presentaciones debidas, el primero le dijo: “permítame invitarle a una taza de té antes de empezar a conversar”. El hombre asintió disconforme. En unos minutos el té estaba listo.

Sosegadamente, el maestro sacó las tazas y las colocó en la mesa con movimientos rápidos y ligeros al cabo de los que empezó a verter la bebida en la taza del huésped. La taza se llenó rápidamente, pero el maestro sin perder su amable y cortés actitud, siguió vertiendo el té. El líquido rebosó derramándose por la mesa y el profesor, que por entonces ya había sobrepasado el límite de su paciencia, estalló airadamente tronando así: “¡Necio! ¿Acaso no ves que la taza está llena y que no cabe nada más en ella?”. Sin perder su ademán, el maestro así contestó: “Por supuesto que lo veo, y de la misma manera veo que no puedo enseñarte el Zen. Tu mente ya está también llena”.

Un cuento sobre el presente....




Un guerrero japonés fue capturado y hecho prisionero por sus enemigos. Esa noche no podía dormir porque temía que al día siguiente lo interrogaran, torturan y ejecutaran. Entonces recordó las palabras de su maestro de Zen. “El mañana no es real. Es una ilusión. La única realidad es el hoy”. Prestando atención a estas palabras, el guerrero se tranquilizó y se durmió.

martes, septiembre 22, 2009

Cuento: El Florero de Porcelana


El gran maestro y el guardián dividían la administración de un monasterio
Zen.

Cierto día, el guardián murió y fue preciso substituirlo. El gran maestro
reunió a todos los discípulos para escoger, quién tendría la honra de
trabajar directamente a su lado.

- Voy a presentarles un problema -dice el Gran Maestro- Y aquel que lo
resuelva primero, será el nuevo guardián del templo.

Terminado su corto discurso, colocó un banquito en el centro de la sala.
Encima estaba un florero de porcelana carísimo, con una rosa roja que lo
decoraba.

- Este es el problema - dice el Gran Maestro.

Los discípulos contemplaban, perplejos, por lo que veían: los diseños
sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor.
¿Qué representaba aquello?. ¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?

Después de algunos minutos, uno de los discípulos se levantó, le miro al
maestro y a los alumnos. Después, caminó resolutamente hasta el florero y lo
tiró al suelo, destruyéndolo.

- Usted es el nuevo guardián - dijo el Gran Maestro

Al volver a su lugar el alumno, explicó el Gran Maestro:

- Yo fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de un problema. No
importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado.

"Un problema es un problema"; puede ser un florero de porcelana muy caro, un
lindo amor que ya no tiene sentido, un camino que precisa ser abandonado - ....

Un cuento sobre la meditación y el satori


Había una vez un hombre muy pobre que vivía a la entrada de un profundo bosque. Apenas tenía para vivir y siempre se estaba quejando de su suerte miserable.

Una noche, cuando se disponía a cenar, alguien llamó a la puerta de su casa. Era un monje errante que le pidió alojamiento por esa noche. El hombre le acogió amablemente, compartió con él su humilde cena y luego le cedió su propia cama para que pasara la noche.

A la mañana siguiente, antes de partir, el monje le dijo:

— Has sido amable y hospitalario conmigo, por eso, en agradecimiento, te voy a confiar un tesoro. Delante mismo de la puerta de tu casa, ahí, en ese espeso bosque, vive un animal fabuloso que se llama Satori. Su vida transcurre en la copa de los árboles, allí come y duerme. El que consiga cazarlo no tendrá que preocuparse nunca más por nada; podrá conseguir todo lo que desee y vivirá en paz el resto de su vida.

El hombre se puso muy contento, y cuando el monje partió, fue al pueblo, compró un hacha e inmediatamente se puso a talar árboles.

"Con un poco de suerte -pensaba- lo sorprendo mientras duerme y antes de que se dé cuenta lo habré cazado".

Pero el animal Satori era muy sabio y muy viejo, y además poseía la facultad de leer el pensamiento; por eso, cada vez que el hombre se acercaba al árbol donde él estaba, captando sus intenciones, se trasladaba a otro árbol cualquiera.

Así pasó el tiempo. Cada vez que el hombre se acercaba, el animal Satori se cambiaba de árbol. El hombre había talado ya muchos árboles, y aprovechaba la madera para venderla como leña en el pueblo.

Así sus problemas económicos se habían solucionado. Llegó el día en que ni siquiera pensaba en el animal. Cortaba un árbol, recogía la madera y se iba. El animal Satori también había dejado de temerle. No captaba en él ningún pensamiento amenazador.

Una mañana, estaba el hombre como de costumbre cortando un árbol, cuando el animal Satori cayó a sus pies. Estaba durmiendo en la copa del árbol y no había podido detectar en la mente del hombre ni un solo pensamiento que le avisara de su presencia.